Me entristece profundamente este debate infructuoso, dadas las abundantes descalificaciones que se vierten, descalificaciones que no hacen más que atrincherarnos, en uno u otro lado. Algunos aludidos caen en el mismo error que critican. Es que los cubanos, cuando no tenemos o no sabemos dar explicaciones lógicas y convincentes, recurrimos a la descalificación, incluso, cuando estamos siendo víctima de ellas.
Las verdades a media son tan destructivas como las mentiras, y el divagar por los alrededores de la solución sin atreverse a decir lo que en realidad sabemos que es la solución y que puede resolver "el problema cubano" resulta ser un engaño más.
Con esto sólo quiero decir que; "Al pan, pan, y al vino, vino".
Al amigo y compatriota, Arturo López Levy, le diría, si no me equivoco, que podría estar cayendo en lo mismo que critica, la descalificación.
A la inmensa mayoría de los que debatimos sobre Cuba nos falta (yo incluido) una buena dosis de humildad, de lógica, de franqueza, de dignidad y de honradez. Seguimos siendo los mismos cubanos capaces de sacarnos un ojo para ver al otro ciego, los mismos envidiosos, los mismos chismosos y chivatones, y los mismos oportunistas y arribistas de siempre. No hemos aprendido la lección de la historia.
Desgraciadamente, a todos nos pueden los silencios, el deshonor, la falta de entrega total, la fraternidad y saber ponernos en el lugar del otro.
En el año 1994, le escuché una frase a María Elena Cruz Varela cuya esencia es la siguiente: Todos los cubanos llevamos dentro a un pequeño dictador, un Fidel Castro en potencia. No me atrevería a asegurar en su totalidad esta afirmación, pero lo realmente me parece cierto es que, a pesar de los años que han pasado, continúo reflexionando sobre el contenido de esta síntesis de María Elena.
He sacado algunas conclusiones que ahora comparto con ustedes: Con los pequeños dictadores que somos, nuestro espíritu gregario, nuestro caudillismo y nuestra "IMPIEDAD" hemos logrado frustrar el tan ansiado proyecto de la "cubanidad" buscado y proyectado por Martí, Maceo y toda una pléyade de patriotas que ofrendaron sus vidas a lo largo de nuestras gestas libertarias. Lo más triste es que: todavía seguimos "tropezando con la misma piedra", nos dejamos dividir, nos fajamos entre nosotros por unas pequeñas y miserables cuotas de poder y nos creemos que tenemos en la mano la verdadera solución al "problema cubano", o lo que es lo mismo, nos creemos que estamos en posesión de TODA LA VERDAD.
Entiendo que cualquier "solución cubana" tiene que pasar por todos los cubanos, los de afuera y los de dentro; y tiene que abandonar la intransigencia descomunal que nos invade y tiene que aceptar (a priori) el marchar juntos y no aceptar lo que nos divide. Las personas son lo primero; lo demás; si las personas son buenas, honorables y dignas, también será bueno, honorable y digno. Pero, si continuamos con nuestras conciencias torcidas; los "cacareados proyectos", tanto los de una parte como los de la otra, seguirán siendo lo que son: una falacia, una mentira y una posibilidad para que unos pocos cubanos vivan bien y se hagan los patriotas y dueños absolutos de la "cubanidad" a costa de la inmensa mayoría de cubanos que, hoy por hoy, sigue sin posibilidades reales de llegar a tener una vida digna.
Hemos vivido más de medio siglo con miedos, complicidades y silencios. Todos, o casi todos; incluyendo a los diferentes grupos y denominaciones religiosas, los revolucionarios, los comunistas, los contrarrevolucionarios y los ateos. Nos ha faltado, a la inmensa mayoría, la suficiente entereza moral y cívica como para apostar con honradez por la verdad. Y, a los pocos que han osado mantenerse firmes en sus verdades caminando a contracorriente, los hemos liquidado e incinerado con nuestros silencios, complicidades y deshonras. Reconozcamos, en particular y en público, la cuota de culpabilidad que cada uno tiene y marchemos juntos a buscar la verdad y no a enfrentarnos unos contra otros.
"El problema cubano somos los mismos cubanos" y nuestra propia solución podría venir de nosotros mismos.
Hagamos una apuesta por la trasparecía, el diálogo fraterno y la búsqueda de la verdad. "Sólo la verdad nos hará libres", decía San Pablo y con toda razón.
Ya estamos cerca de la fiesta de nuestra patrona, La Virgen de La Caridad del Cobre, ella es capaz de abrazar a todos los cubanos por igual, de sanar rencores, de cerrar heridas y de diluir viejas pasiones y orgullos. Pidámosle con humildad que nos asista, para alcanzar todo lo que necesitamos, para ser mejores personas capaces de construir una nueva Cuba donde quepamos todos: "Con todos y para el bien de todos", como decía José Martí
José Carlos Vasconcelos Hernández

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