VIAJERA TERMINAL: Crónicas suizo-cubanas (XVI) PATTI CHIARI Y PUNTOS DE VISTA No vivo en una sociedad perfecta, yo pido que no se le de ese nombre, si alguna cosa me hace sentir ésta es porque la hacen mujeres y hombres. (No vivo en una sociedad perfecta, Pablo Milanés*) Aunque posee una belleza paradisiaca, la Tierra no es El Paraíso. Cual corolario y por razones de diversa índole, el ejercicio de un periodismo auténtico es riesgoso en cualquier país del mundo, aún cuando se ejerza en la democracia y con todas las garantías que ofrece un estado de derecho. Es así, sobre todo, porque la condición humana no goza de perfección, e incluso, evade el perfeccionamiento. Por lo tanto, no resulta extraño –sí molesto y preocupante— que dentro del Mapa de la Libertad de Prensa en el Mundo del 2009, publicado por Reporteros sin Fronteras (RSF), se encuentren países democráticos coloreados del carmelita que indica "situación difícil" o del naranja que alerta sobre "problemas evidentes". Tampoco sorprende que algunos países, donde existe la democracia, aparezcan señalados en los reportes, reclamaciones o denuncias –en defensa de los periodistas y del ejercicio periodístico— que, de forma sistemática o constante, efectúan otras organizaciones como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) o el Comité de Protección de Periodistas (CPJ). Aunque dentro de este Mapa de RSF sobre la Libertad de Prensa, Suiza se viste de blanco y clasifica dentro de una "buena situación", los periodistas realizadores del programa informativo Patti Chiari (1), de RSI-la-1, en la tele suizo-italiana (2), recurren al asesoramiento y al respaldo legal en su labor investigativa y se auxilian con especialistas para el mejor desarrollo de los distintos temas críticos que abordan. De tal modo, se proponen ejercer un periodismo ético, responsable y con credibilidad. (Imparcial, entonces, supongo). (...) En lo que atañe al periodismo de investigación, respeto y aprecio la interferencia de los medios. (...) Es de rigor que existan esos periodistas que metan las narices tan penetrantes como la trompa de un elefante, para detectar y denunciar todas las fechorías que localicen. (3) Cada opinión debe estar bien argumentada, cada palabra bien dicha, porque para los suizos cuanto se exprese tendrá determinadas consecuencias: cada tema investigado y transmitido, posee una repercusión, su impacto; cada juicio, cada palabra, un valor y un peso exactos en los problemas o conflictos tratados. No exagero: basta recordar la acusación contra dos periodistas (4) –aunque fueron absueltos e indemnizados— por publicar un artículo, en el polémico tabloide Sonntagsblick del cantón suizo-alemán de Zürich, sobre los posibles vínculos de Suiza con los vuelos secretos de la CIA. Una buena muestra, en todos los sentidos del suceso, de cómo juegan su rol 'al duro' los periodistas, abogados y cuantos protagonizan la vida en la sociedad democrática. Tal como bien sabe cualquier figura de la política, no son ellos los únicos que tienen autoridad sobre la sociedad. Los periódicos y los libros, la radio, el cine y la televisión tienen una influencia sobre los individuos que no habría sido posible imaginar hace un centenar de años. (5) Al inicio de cada programa Patti Chiari define su objetivo con la voz en off del locutor: "Encuesta, confrontación, testimonio" para "hacer que se escuchen las voces de ustedes". Cuando cada invitado entra al set del estudio, el conductor del programa lo recibe con un estrechón de manos que la cámara captará siempre en un plano cerrado a éstas. Y con ese lenguaje, propio de la imagen, se advierte a los televidentes que no estamos en presencia de un 'circo romano', ni un duelo a muerte entre enemigos, sino frente a un intento de buscar soluciones adecuadas o, al menos, explicaciones sobre el problema tratado, mediante el debate entre ciudadanos, funcionarios, especialistas, autoridades y empresarios responsables. Lástima que no siempre se logran respuestas ni argumentos convincentes por parte de los panelistas invitados. Ni soluciones, tal vez. La conducción de Patti Chiari está a cargo de Lorenzo Mammone, hombre que sabe lanzar una sonrisa encantadora –apréndase de él, a pesar del clima invernal y de los gravámenes— en los momentos más difíciles o candentes del debate. Mammone se apoya, además, en las intervenciones del periodista que tuvo a su cargo la investigación, quien a la vez va introduciendo personalmente nuevas opiniones y preguntas de los ciudadanos que se comunican por correo electrónico o llaman –el programa sale sale en vivo— a los teléfonos abiertos durante el desarrollo del debate (por cierto, el gran número de llamadas telefónicas y de correos no sólo prueba una elevada televidencia, sino también un considerable grado de inquietudes y problemas en la gente). Es vital que los investigadores no actúen por motivos impropios. Sin imparcialidad, sin el debido respeto por los derechos de los otros, la propia investigación se malogra y se pervierte. (6) Claro está, el eje del programa se halla en las entrevistas –no podían faltar— grabadas fuera del estudio, por el periodista y su equipo de trabajo, a los ciudadanos que se han visto o se ven perjudicados a causa de algún tipo de negligencia, injusticia o contrariedad. En no pocas ocasiones, los entrevistados participan, además, de forma directa dentro del estudio donde Patti Chiari sale al aire. El grupo de periodistas que realiza el programa –sin excepción alguna— posee experiencia, calidad y rigor profesional (tengo suficiente experiencia en mi labor periodística para afirmarlo), además de especializarse en el complejo trabajo con la imagen televisiva. Ellos exponen de forma directa, transparente y franca, pero con precaución –sin apasionamientos, con el excesivo control, equilibrio y serenidad, casi imperturbables, propio de los suizos— los temas investigados que, por demás, son sumamente diversos: La falta de señalización que ha provocado accidentes en las pistas de esquiar; la dificultad en el pago de las multas de tránsito; las negligencias en la higiene de algunos hoteles; el incumplimiento en determinadas ofertas turísticas; el análisis sobre la calidad de los productos que se hallan a la venta; las quejas del servicio que presta la empresa Cablecom; el tráfico de drogas que realizan algunos extranjeros en el cantón ticinese; los problemas de las pensiones por invalidez...son algunos de los innumerables temas que han llamado mi atención, de forma muy especial, dados mis antiguos quehaceres similares en Cuba –tanto en la prensa oficial como en la independiente—, dentro del trabajo que nombran 'el Cuarto Poder'. Este poder confiere una inmensa responsabilidad a todos los que trabajan en los medios de comunicación, pero también confiere una gran responsabilidad a todos y cada uno de nosotros, a quienes, en calidad de individuos, leemos y escuchamos y vemos lo que transmiten. (7) Desde la primera vez que vi el programa Patti Chiari, recordé aquel mundo profesional que desapareció para siempre de mi vida. Me acordé de mí misma realizando el programa Puntos de vista en la Televisión Cubana... a pesar de las abismales diferencias que existen entre los sistemas políticos de la isla y del país helvético, e igualmente, en cuanto al ejercicio del periodismo en ambos: uno, en un medio dictatorial; otro, en una sociedad democrática. No sé si quiero otear en mis recuerdos o si prefiero salvarme en el olvido. ¿A quién puede importar lo que he vivido, lo que fui y ya no soy, mis desacuerdos? (8) La cita de la canción elegida por mí para encabezar esta crónica viajera –No vivo en una sociedad perfecta— abría siempre, en la voz y con la música del gran cantautor cubano, el programa de corte crítico que fundé y realicé en la TV cubana durante varios años. Creo que mi intención al elegirlo de nuevo para esta crónica requiere ciertas precisiones: Ahora, tampoco vivo en una sociedad perfecta. No existe ninguna, porque el ser humano no logra la perfección ni aún en la ciencia: un gran descubrimiento, que se supone favorezca la humanidad, se convierte en su peor enemigo en no pocos casos, por ejemplo, la energía nuclear. Pero sí vivo en una sociedad mejor, porque vivo libre y se respetan mis derechos esenciales, algunos imprescindibles para un periodista, como la libertad expresión y movimiento, el intercambio informativo o la difusión de mis artículos, opiniones e ideas en cualquier medio, sin que me amenacen con la prisión, como si fuera terrorista, o con el ingreso en un hospital siquiátrico, como si disidir y expresar lo que se piensa fuesen sinónimos de demencia... Por demás, esta sociedad funciona, prospera, se desarrolla y enriquece con el trabajo, la inteligencia y espíritu emprendedor de hombres y mujeres, suizos y extranjeros. No se rige por la obstinación de un hombre, una élite gobernante o un sistema centralizado, reaccionario, hermético, que asfixia la inciativa individual y la independencia de la gente, y lo peor, el alma de los ciudadanos. He ahí algunas de las grandes diferencias entre la sociedad donde antes yo vivía –la socialista— y ésta –la capitalista democrática—, en la que ahora vivo, tampoco 'perfecta', pero sí perfectible y abierta, con muchas más ventajas. -—¡Cállateeeeeeeeeeeeeehhhe! -—¡Ehhh! Y, ¿por qué? Uhmm... ¡¿Qué problema hay con andar en cueros?! Tú me entiendes, con el alma en cueros. ¡Arriba, con el alma en cueros! ¡Mételeeeeee! (9) En el Mapa de RSF sobre la situación de la Libertad de Prensa en este Planeta nuestro, específicamente en el continente americano, sólo Costa Rica se viste de blanco y sólo Cuba de negro. Léase: la hermosa isla caribeña, cuya naturaleza es pródiga en colores, se halla pintada del negro que significa "situación muy grave". (Espero que el simbolismo 'negro' no provoque absurdas acusaciones de racismo contra RSF, ni la censura del Mapa en ninguna parte, como ha sucedido en algunos cantones suizos, con el afiche de STOP a la propagación de mezquitas en el país helvético). (Una incidental: ¿permitirán construir iglesias cristianas, templos budistas, centros yorubas y celebrar las Navidades o el Nuevo Año Lunar, difundir la Letra del Año... en los países musulmanes? O bien, a nosotras, las mujeres, ¿tomar cerveza en público, soltarnos el cabello e ir cantando por las calles canciones paganas, usar jeans, bailar rock, hip-hop o salsa, elegir al hombre que querramos?). ¿Qué problema hay con andar en cueros...? Quise decir, con el alma en cueros. Pero, ¿qué problema hay con ser sincero y parecerte a lo que piensas en verdad? (10) Ajeno a la lectura que cada cual quiera darle, de negro permanecerá vestida la Isla porque las primaveras cubanas se oscurecieron –una vez más en su historia— desde la andanada represiva que tuvo lugar en marzo del 2003 y que puso tras los barrotes, en celdas inmundas, a opositores, activistas de derechos humanos, dirigentes sindicales, bibliotecarios y periodistas independientes. Aunque a alguien se le ocurriera un día pintarla de otro color en el Mapa, Cuba continuará en negro, mientras no permita la libertad de expresión y no conceda la amnistía a todos esos prisioneros de conciencia, víctimas en aquella farsa de proceso judicial al que fueron sometidos en abril de ese mismo año y que recuerda un pasaje de Alicia en el país de las maravillas: —La sentencia primero, tiempo habrá para el veredicto. Dijo la Reina. —¡Qué insensatez! –exclamó Alicia—. ¿Dónde se ha visto que la sentencia se dicte antes que el veredicto?! —¡A callar!, vociferó la Reina poniéndose roja...(11) —¡No me da la gana!, dijo Alicia. (12) ¿Cómo fue posible, entonces, la existencia de un programa de corte crítico en la TV Cubana y en la Cuba del socialismo 'irrevocable' de los Castro? No resulta fácil responder, sin errar. Pero Cuba iba ya por más de 30 años de censura informativa absoluta. Mientras, la Unión Soviética (URSS) se hallaba inmersa en un proceso de convulsión política: la glasnost y la perestroika. Esos aires renovadores trajeron nuevos vientos a la Isla. Al menos, todo indica que los dirigentes prosoviéticos cubanos se lo creyeron, dados los estrechos vínculos amistosos y la dependencia económica de La Habana con Moscú. Si la legendaria URSS sacaba a flote sus errores con el fin de perfeccionarse, ¿por qué no Cuba, con tantos desastres? Cuando el ideólogo del Partido Comunista en aquellos tiempos (13) habló de 'apertura' reconoció así, implícita y públicamente, de forma oficial, que siempre existió el "¡¡cállate!!", aunque nadie lo ignoraba, claro. Entonces, la concesión del "permiso para hablar" no olía bien para quienes conocíamos la rigidez en las reglas establecidas de por vida. Pero todo indicaba que surgía una oportunidad, probablemente irrepetible, para destapar tan siquiera algunos de los males silenciados en la sociedad cubana durante décadas y que la población criticaba en voz baja y círculos cerrados. Nadie puede pedirme que me calle. Que me muerda la lengua, que me calle. Mi silencio es peor que las palabras. ¡Nadie puede pedirme que me calle! (14) Al inicio de la llamada "nueva política informativa", algunos periodistas de la radio, la prensa escrita y la televisada, fueron designados, elegidos, para el ejercicio de la crítica que, por supuesto, se efectuaría bajo un absoluto control y sólo sobre problemas de 'interés social', nunca sobre temas estrictamente políticos (aunque en Cuba todo es político y, cuanto se haga, puede tener implicaciones político-ideológicas muy serias o graves). En la TV, me correspondió a mí iniciar esa difícil y riesgosa tarea: a diferencia de los colegas de Patti Chiari y del Sonntagsblick, si algún tema provocaba 'molestias' o 'disgustos' en el poder y su séquito, cuando los mandantes "pidieran sangre" yo no contaría con el resplado de la dirección de la TV (no arriesgarían su puestecito), ni mucho menos con la defensa auténtica de un abogado. Todo lo contrario. Y al asumir este tipo de trabajo, en Cuba, no se busca la fama, ni la gloria, ni el premio Pulitzer. A buen entendedor, pocas palabras, dice el refranero. ¡Dejadme hablar! ¡Dejadme que me saque del pecho cada grito! ¡Dejadme hablar! Que a nadie resulte inconveniente lo que digo. Aunque quede vacío para siempre, ¡nadie puede pedirme que me calle! (15) Desde el inicio, las señales fueron malas. El nombre que elegí para el programa fue Polémica. La presidencia de la TV cubana lo consideró 'conflictivo, fuerte'. Tuve que elaborar de nuevo el proyecto de presentación con otro nombre más "suave": Puntos de Vista. La estructura del programa –al igual que el Patti Chiari— incluía la participación de representantes de los organismos involucrados en el tema crítico escogido y las entrevistas a los ciudadanos que, en el caso de Puntos de Vista, se realizaba al azar, con la gente que andaba por las calles, y, en ocasiones en escuelas o fábricas, según el caso, pero sin elegir de antemano a los entrevistados. Así se lograban respuestas y comentarios sorprendentes. Pero nada salía al aire en vivo. Mal estreno. El primer programa abrió con la formación vocacional de niños y jóvenes. Quiere decir, era una crítica directa a un aspecto de la educación en Cuba, sector intocable, sagrado. No salió al aire. Me obligaron a realizar una segunda versión, que fue revisada por funcionarios del Ministerio de Educación, personalmente. Tuve que omitir las expresiones más críticas de mis entrevistados. A pesar de todo, cuando salió al aire, logró el éxito entre profesores, alumnos y padres. ¡Tanto necesitaba la gente escuchar alguna voz un poco discordante, que reflejara sus inconformidades! Nadie podrá saber lo que atesora la memoria del tiempo en que me hundo. Mis amores de ayer y los de ahora. Días en que pensé salvar el mundo. (16) La dirección de la TV decidió ampliar el grupo de realizadores y pasar el programa para el canal de mayor televidencia y en un horario estelar. Pero las censuras continuaron produciéndose. Hubo programas que nunca salieron al aire, argumentándose descuidos en "el tono y el balance" o "un momento inoportuno" para hacerlos públicos. Todos los temas que traté resultaban problemáticos para los censores, aún los tópicos más ingenuos en apariencia: el tiempo libre de los jóvenes (porque no tienen a dónde ir); el rap y los raperos (porque es propio de delicuentes); el habla popular (porque no refleja lo culto de 'nuestro pueblo'); las costumbres y traidiciones santiagueras (porque has puesto en pantalla 'un plano excesivamente largo' de la Virgen del Cobre)... Pero, a pesar de todos los 'porque' de los dirigentes, me las ingenié para que salieran al aire y que el principal actor del programa fuera la gente de pueblo, con sus problemas a cuestas... junto a otro actor sutil, la música, que subrayaba la crítica y enriquecía el mensaje. Hasta un día. Los instantes más lúcidos o lerdos Jamás revelarán lo que yo he sido Lo mejor de mí mismo se ha escondido Tras sueños y utopías que ahora pierdo. (17) Mal final, como el estreno. O peor: "Iria, te están pidiendo sangre", me confesó alguien muy confidencialmente, en tono alarmante, casi inaudible. El programa sobre la grave situación del agua –la contaminación, la escasez y el desperdicio por los abundantes salideros, la ausencia de calidad, el deterioro de las redes distribuidoras, la indolencia ante la fuga de tan imprescindible líquido para la vida y otros detalles que omito— provocó una grave acusación contra mí al más alto nivel de los imaginables, junto a la exigencia de medidas drásticas o de sanción severa. Así terminó para siempre mi labor como realizadora de Puntos de Vista... y el programa fue languideciendo hasta que murió también, poco tiempo después. Mis amores de ayer y los de ahora. Días en que creí salvar el mundo. Todo está ahí no falta ni una hora, ni un minuto siquiera, ni un segundo. (18) ''Y para no olvidarme de lo que fui '' –como dice una canción de Joan Manuel Serrat—, ni lo que ahora soy, cada viernes a las 9 de la noche –como el cañonazo habanero— me siento frente a la tele, para ver el trabajo de estos corajudos periodistas suizos, en RSI-la-1, canal cuyo lema es "parte del tuo mondo", anunciado por la meliflua voz de una locutora. ¿Creerán "salvar el mundo" mis colegas, también? Iria González-Rodiles Berna, Octubre 15, en el otoño del 2009. (*) Pablo Milanés (Cuba, Bayamo, Febrero 24 de 1943). (1) El título Patti Chiari podría traducirse como "cuentas o asuntos claros", que el refranero popular en español completaría con un "conservan amistades" y en italiano con un "amici cari". (2) Cantón Ticino, Suiza-italiana. (3) El arte de vivir en el nuevo milenio. Dalai Lama (Tíbet, Julio 6 de 1935). (4) Sandro Brotz y Beat Jost, publicaron el artículo el 8 de enero del 2006. (5) El arte de vivir en el nuevo milenio. Dalai Lama. (6) Ídem. (7) Ídem (8) Desacuerdos. Waldo Leyva (Cuba, Las Villas, 1943) (9) Canción popular, del grupo cubano Buena Fe. (10) Ídem (11) ¿Roja? Entonces no podía actuar de otra forma (nota mía). (12) Alicia en el país de las maravillas. Lewis Carroll (Gran Bretaña, 27.1.1832-14.1.1898). (13) Carlos Aldana, con posterioridad "tronado" y convertido en cadáver político en la Isla: una vieja mala costumbre en Cuba, como ha sucedido históricamente siempre con tantísimos personajes en todos los niveles de dirección, desde el Dr. Urrutia, entre los primeros, hasta Lage y Pérez Roque, entre los últimos...por ahora. (14) Autodiscurso. Waldo Leyva. (15) Ídem. (16,17,18) Desacuerdos. Waldo Leyva.
|